Y de nuevo nos llega un
recuerdo, en cuestión de segundos y en el momento más indicado;
recorriendo cada parte de nuestro cuerpo hasta captar toda nuestra
atención, la de cada uno de nuestros sentidos. Recordamos cada paso
que hemos avanzado y como luego, en ocasiones, hemos retrocedido dos
de golpe. Recordamos el tacto de ciertas cosas; y la fragancia de
otras más, como el olor a sábanas recién lavadas dando paso a un
cuadro de imágenes: Tal vez las carreras que hacíamos con nuestros
hermanos hasta que alguno de los dos tropezaba y caía; o quizás los
cuentos que nos narraban nuestros padres antes de caer en el sueño
más profundo del día. Recordamos cada una de las mentiras con seda
que nos han marcado y que al final hemos acabado aprendiendo que
preferimos las verdades con espina. Las numerosas promesas que hemos
hecho, cuantas de ellas hemos cumplido y cuantas se han quedado por
el camino. Los años no pasan en valde y cuando miramos atrás o
simplemente cogemos el álbum de fotos que hemos ido llenando a lo
largo del tiempo evocamos las épocas más dulces de todas: Nuestro
primer cumpleaños. Las navidades más entrañables junto a esas
personas que nos han convertido en lo que hoy somos; y que aunque no
estén aquí o estén a punto de desembarcar en un viaje eterno y
con su fin; las llevamos presente diariamente con la imposibilidad de
que algún día dejen de formar parte de nuestras vidas. Rememoramos
cuantos regalos nos han dado; cuantas cosas nos han ofrecido y
cuantas más hemos rechazado. Cuantas noticias inesperadas que nos
han dado y toda la fuerza que hemos necesitado de nosotros mismos y
de otras personas para poder remontar y darnos cuenta de que no
podemos sobrevivir solos en este sálvese quien pueda. Cuanto mundo
hemos recorrido y cuanto mundo nos queda aún por conocer. Cuantos
sueños hemos trazado en una servilleta de papel y cuanto deseamos
que ese taco de servilletas emborronadas con sueños, se cumplan
algún mágico día . Cuantas miradas nos han matado y cuantos besos
son han hecho renacer. Cuantas noches estrelladas de luna llena hemos
pasado entre caricias y juegos tórridos. Esas risas encantadoras que
dejamos escapar de pequeños y esas sonrisas tontas y enamoradas que
no podemos retener, y que aguardan esa parte tan adolescente de cada
uno. El recuerdo de un diploma, aquel que cierra un gran y magnífico
período. Salidas nocturnas que nos hacen volver a casa con el mayor
secreto y silencio de cada noche. Amistades rotas que decepcionaron
nuestra idea sobre ellas pero que lo significarán todo eternamente;
o aquellas encontradas hace poco y que han pasado a serlo todo.
Recordamos nuestras primeras grietas en el corazón y como fueron
curadas hasta cicatrizar la más profunda. Dulces escapadas y lugares
secretos. Paseos sin rumbo. Tormentas y días de mejores. Porque la
vida es aquello que te va sucediendo; entonces te acuerdas de que por
un instante, estos recuerdos, estos momentos que construyen toda una
vida son para siempre, puede que un día se olviden, pero por el
momento son para siempre.