jueves, 8 de agosto de 2013

Idas y venidas

A veces nos acostumbramos a medir la vida en las personas  que nos van dejando a diario. Los hay que se esconden en ese brillo que desprenden las estrellas para recordarte que nunca se han ido y que te siguen desde muy cerca. Los hay que te abrieron una brecha en una rinconcito de tu alma, y que por mucho que crezcas, el dolor permanecerá siempre. Los hay que desaparecen sin dar ningún tipo de explicación; de la noche a la mañana; sembrando de preguntas y dudas tu mente. Los hay que te abandonan por una mutua decisión, porque hay vidas que no pueden ser compartidas. Los hay que se alejan poco a poco y sin darte cuenta ya solo dejan su recuerdo. Están los que nunca llegaste a conocer y sin saber porque los sientes desde que tienes uso de razón. Los hay que te dejan sin aliento; que te agotan las lágrimas. Pero también los hay con quien solo te dejan sacar la mejor de tus sonrisas. Los hay que saben tranquilizarte de la mejor forma posible. Los hay que te llevan a la cima del mundo y logran impedirte mirar atrás. Los hay con los que solo existen los comienzos. Los hay que besan tus defectos. Los hay que nunca te dejan tirar la toalla. Los hay con los que jamás dejarías de bailar bajo la lluvia. Los hay con los que no pararías de saltar sobre la cama cayendo de golpe en ella. Los hay con los que pase en el tiempo que pase, la conexión nunca cambia. Los hay que te hacen grandes. Los hay, aunque nos parezca imposible, que van a estar para siempre.

Todos los días de mi vida

Cuando abres los ojos y observas como te miraba mientras dormías. Cuando mientras él se duerme en mitad de una película y descubres esos pequeños espasmos que su cuerpo produce; en ese momento te parece lo más dulce que existe en este mundo. Cuando se queja porque te haces con toda la cama y él, como siempre, aguarda en el borde. Cuando pone caras raras para ver otra vez esa sonrisa que tanto le enloquece. Cuando solo él consigue hacer magia. Cuando Londres no es una ciudad cualquiera. Cuando la yema de sus dedos y tu espalda, tienen más de una deuda. Cuando empiezas a creer que las casualidades no existen, y que tú y él, estabais predestinados. Cuando solo si es juntos, veis el más allá de las cosas. Cuando ese vacío que tenias, ese brillo en la mirada como un ojalá o muchas esperanzas, lo acaba llenando. Cuando te enamoras de esa persona y de un proyecto de futuro y de planes llenos de sueños. Cuando “todo” se queda corto para todo lo que quieres con él. Cuando todas las canciones tienen de título su nombre. Cuando quieres un hoy, un mañana y un “todos los días de mi vida”.

"Amar" lleva tu nombre

Algunos hablan del amor como una ciencia; otros como un sentimiento. Los hay que explican el amor como si de una especie en extinción se tratara. Los ignorantes hablan del inexistente amor, de aquel que casualmente unos huyen y otros precisan; de aquel que unos pierden y otros ganan; de aquel amor por los que unos mueren y otros sobreviven. El mundo entero es amor. Amar es la magia que hay bajo las estrellas. Amar es ponerle alas al corazón. Amar es sentirte suya. Amar es despedirte de la soledad. Amar es locura. Es haber encontrado tu camino. Amar es empezar y continuar. Amar es sentir. Amar es compartir. Amar es lanzarte sin paracaídas estando segura de que en la caída, él te recogerá entre sus brazos y con un beso y dando mil vueltas conseguirá que tu risa sea el único eco que se escuche. Amar es sorprender. Amar es conocer. Amar despacio y mucho. Amar es odiar las despedidas y desear los reencuentros. Amar es perdonar. Amar es dejar de ser egoísta. Amar es entender. Amar es sacrificio. Amar es el brillo que tienen tus ojos cuando vuestras miradas se cruzan y se mantienen jugando a quien aguanta más. Amar es enamorarse perdidamente. Amar es necesidad. Amar es “lo que te pase a ti, me pasa a mi”. Amar es no saber dar una explicación cuando le ves, cuando te toca o cuando te mira y sonríe. Amar es formar parte de su vida y que él forme parte de la tuya. Pero sobretodo, amar eres tú. 

Fin de una etapa

“Hay una marea en los asuntos del hombre que tomada en la alta lleva a la fortuna y que omitida ata el viaje de su vida a las bajas aguas y a las miserias. En ese mar flotamos ahora Y debemos aprovechar la corriente cuando es favorable o perderemos los retos que nos esperan”. Creo que lo que esta cita significa es que la vida es corta y las oportunidades son poco frecuentes y tenemos que estar atentos para protegerlas, y no solo las oportunidades para tener éxito sino también para reír, para ver lo mejor del mundo, y para vivir. Ahora es tiempo de que brillemos; un tiempo donde los sueños están al alcance y las posibilidades son enormes. Ahora es tiempo de que todos nosotros nos transformemos en las personas que siempre soñamos ser. No debemos tener miedo a fallar porque nuestro futuro no se decide en un mes, se decide a cada paso que damos y con cada decisión que tomamos en cada segundo de nuestros días. Tomémonoslo como un ahora o nunca. El único camino que existe es el de esforzarnos como nunca antes hayamos hecho; el único camino que existe es agotar nuestras energías entre hojas de papel, empapándonos de algunas de las teorías más absurdas que oiremos y de otras tan sabias e interesantes que con los años recordaremos como si fuera ayer que entre risas, bromas y comentarios, un buen profesor se dejó la voz en clase para explicarlo; el único camino que existe es compartir los momentos más frustrantes, de máxima tensión y locura con aquellos que hemos compartido unos sencillos y magníficos años. El único camino que existe es centrarnos en todo lo que queda por venir, porque será ese el comienzo de nuestra nueva vida. Aquello a lo que llamamos “La nueva era”. De modo que estamos aquí, este es nuestro mundo y nos está esperando. 

Momentos pausados

Caen gotas del cielo. Caen suaves; pero la intensidad aumenta poco a poco hasta que esa gota que caía sin llamar la atención convierte la ciudad en un abanico de paraguas de mil de colores. Coches parados frente a semáforos rojos. Personas leyendo el periódico que han comprado al chico que los vende en la calle principal. Personas con el teléfono en las manos. Personas distrayendo a los niños para que la espera se les haga más llevadera. Y hay otras, que con el recodo apoyado en la ventada y con el otro brazo extendido en el volante, solo se dedican a mirar como caen esas gotas del cielo; esas que caen suave y que se vuelven intensas. Con una neutra sonrisa y unos tristes ojos de amor. Calibrando que las batallas perdidas ganan a las batallas con sabor a victoria. Pensando como cambiar sus vidas. Soñando con esa persona que cambia nuestro camino. Deseando saber cuál es su destino. Agotados de esa rutina que les impide saber cuál es el principio de un final y cuál es el final de un principio. Observando cómo pasa el tiempo y lo rápido que suceden las cosas; que poco las aprovechamos y exprimimos en ocasiones. Recordando la tristeza de las despedidas  y la pasión de los reencuentros que a veces matan los kilómetros. De pronto, el coche de detrás deja sonar la bocina e invita a los demás  a hacer lo mismo. Y tú, perdido durante unos minutos en otro mundo, metes primera y despiertas para bajar a la realidad el resto del día y para concederle a esta el beneficio de da duda. Confía. Te sorprenderá. 

Salvando al mundo

Y de pronto toda tu vida se concentra en ese instante. Unos ojos castaños observan desde un pedacito de cielo como el mundo se desmorona; como el mundo ha estallado en guerra. Personas de diferentes religiones luchando entre sí sin darse cuenta de que todos le rezamos al mismo Dios. Humanos que hacen la guerra y no el amor. Una mirada triste que traspasa la ventana en lo alto de un rascacielos de Nueva York desvelando la innecesaria y desbordante riqueza que se haya en algunos, mientras que en las calles más pobladas se encuentra la más injusta pobreza. Millones de balas; de misiles; de bombas que atraviesan cuerpos y destruyen ciudades; destruyen humanos. Nos destruyen a nosotros. El mundo ha estallado en guerra. Millones de parados y largas colas para conseguir un plato caliente de comida y un lugar donde pasar la noche más fría de invierno. Niños que no conocen la felicidad porque trabajan para sobrevivir un día más. Conflictos entre sexos y entre razas. Noticias de robos, accidentes, asaltos y asesinatos durante las veinticuatro horas del día. Condenas largas para los débiles e irrazonables castigos para los fuertes. Pero de pronto a esos ojos castaños que observan desde un pedacito de cielo como el mundo se desmorona, le entran unas ganas terribles de bajar a la realidad para hacer de Robin Hood. ¿Qué más dará el color de piel, si en realidad estamos hechos de la misma materia? ¿Qué sentido tienen las guerras si todos tenemos la misma fe? ¿Qué sentido tienen los conflictos entre países si el mundo en el que vivimos es de todos? ¿Por qué no dar aquello que nos sobra a aquel que le falta? ¿Por qué no regalarles sonrisas a todos los que aún no las conocen? ¿Qué mal hay en hacer de cada uno de nosotros un pequeño Robin Hood para que el mundo no se vuelva tan loco?

miércoles, 16 de enero de 2013

TalT

Es difícil admitir que no hay día que no piense durante un minuto en ti. Es triste que cada recuerdo tuyo vivido en lugar de hacerme sonreír por el bonito recuerdo, solo consigue hacer que derrame una lágrima por cada una de las mentiras que me hiciste creer. Me mataría a mi misma por ser capaz aún, después de todo, de echarte de menos. Por cada vez que oía tu respiración junto a la mía al mirarnos a los ojos antes de cometer un acto insensato; por cada beso que interrumpías para morderme el labio inferior; por la falsa imagen que dábamos de completos desconocidos aunque tú lo acabaras siendo al final. Por tu forma de apretarme a ti, impulsarme hacia arriba y hacerme tuya con un interminable y loco beso de despedida. Me molesta saber que me enamoré de ti, y que tú mismo me has obligado a convertir ese amor en odio. Un odio que al volver a intercambiar sonrisas forzadas después de un largo tiempo en silencio, solo consigue hacer que el aire me vuelva a faltar, que me cueste respirar, que me cueste recuperarme. Cuesta creer que ya han pasado seis meses desde que este terrible juego empezó pero aún más me cuesta creer que sea cierto eso que dicen de que siempre habrá personas que permanezcan en tu corazón, pero no en tu vida.