Era mucho más diminuta de lo que ella había creído. Soltó de golpe todas sus maletas y miró al resto del mundo como si no lo conociera en absoluto. Amar. Loca y arriesgada aventura la de amar. Suspiró y tuvo la sensación de que él estaba allí; rodeándola como solía hacer cuando ella preparaba el desayuno con su camisa más sexy. Cerraba sus ojos y se dejaba llevar. Abrió los ojos y se giró hacia atrás entonces milagrosamente le vio. Él se puso a su lado, cogió su mano y le dijo- ¿Me sigues?- a lo que le contestó- ¿Donde?-,- No lo se, ven conmigo para descubrirlo juntos-. La soltó de su mano y se lanzó al agua cayendo de golpe. Ella se quedó quieta, inmersa en la ilusión de haberlo visto y no poder seguirlo. Deseaba por encima de todo compartir una vida junto a él pero no de esa forma; una forma que no había planeado y que ni siquiera le gustaba. Tuvo la fuerza de escoger lo mejor para ella aunque no fuera esa su idea. Tenía la esperanza de él que la escogiera a ella y no la dejara marchar, de que eligiera a la persona que amaba y luchara por ella, pero no lo hizo. Echó la vista hacia abajo y no encontró a nadie. De pronto una llamada acaparó su atención, y tras mucho tiempo alguien consiguió que una deslumbrante sonrisa abarcara su rostro.
martes, 5 de julio de 2011
lunes, 4 de julio de 2011
Te vi a lo lejos y recorrí cada uno de tus recuerdos como fotogramas de una película. Te vi y me invadió una sensación de vacío y añoranza. Hice un esfuerzo inmenso en llegar a ti pero todo fue en vano; tu ibas avanzando rápidamente mientras que yo, en cambio, caminaba más despacio hasta quedar inmóvil y caer de golpe en la tierra. De pronto te volviste hacia mi y me miraste una última vez; mirada la cual me recorrió de principio a fin y me hizo estremecer como tus caricias entre las sabanas a medianoche; como tus dulces besos desgarradores; como tus abrazos con una dosis de tranquilizante; como la sonrisa que me dedicabas en la que el mundo parecía llegar a su fin y tú y yo destruirnos en él. De pronto cerré los ojos y sentí como una ráfaga me invadió y el presentimiento de volver a abrirlos y tu no estar allí, se hizo realidad. Parte de mi corazón deseaba permanecer en aquel lugar por si se te ocurría volver algún día; y la otra parte de él se iba recuperando poco a poco hasta aceptar que si para ser feliz se tenía que olvidar, se olvidaba y punto.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)