domingo, 30 de enero de 2011

Mundo paralelo

Subí las escaleras a toda prisa, sin mirar hacia tras como hago de costumbre. Parecía no acabar nunca; hasta que como todo tiene un final, abrí la puerta y una clara luz lo invadió todo. Salí al exterior con los ojos entre cerrados por el resplandor. El mundo pareció pararse por un instante. Observé al mismo tiempo los dos mundos paralelos en el que vivimos. Advertí la verdad o la mentira. La confianza o la desconfianza. La coherencia o la incoherencia. La lealtad o la traición. La venganza o el perdón. El arriesgar o el desistir. La locura o la cordura. La amistad o la enemistad. Lo que nosotros entendemos por el bien o el mal. Lo correcto o lo incorrecto. La ilusión o el desengaño. Las lágrimas o las risas. El estar donde estoy yo, entre la vida y la muerte. Acercarse o alejarse. El irse o el permanecer. El abandonar o el seguir. La fuerza o la debilidad. El olvidar o el recordar. El saber quienes fuimos, quienes somos y en quien nos convertiremos. El caer o el levantar. El perder o el ganar. El despedirse de algo o alguien y el recibirlo. El componer o deshacer lo compuesto. La tristeza o la alegría. El saber o el desconocer. El ruido o el silencio. El detenerse o el seguir caminando. El ahora o el después. El siempre o el nunca. El decidir o el dudar. El estar dentro o fuera. El corazón o la razón. El amar, que al comienzo solo crea cobardía y miedo por algo nuevo; o el odiar que hace que amemos aún más. Desconozco quién hizo que yo consiguiera abrir los ojos y estar de nuevo en la vida y no en la muerte.

jueves, 27 de enero de 2011

Fotografías

Conocí a una chica joven; tendría unos veinte años  que tenía su cuarto repleto de fotos. Fotos del día a día; plagadas de amor; de odio; de sentimiento, recuerdo; de nostalgia; de alegría; de tristeza; de vida; de locura; de atrevimiento; de obsesión; de desesperación; de libertad; de frescor; de frialdad; de nerviosismo. Tenía millones de fotografías. Una de un niño a los hombros de su padre con una igual sonrisa. Una de una niña de seis años soplando las velas de la tarta de su sexto cumpleaños. Una de una vela encendida donde la llama nunca logrará apagarse. Una de un tiroteo; familias destrozadas, corazones rotos y medico intentando despertar vidas ya perdidas. Una de dos amigos con una cerveza en las manos celebrando el mejor partido de la temporada. Una de un padre y un hijo, ya mayores, riendo por los viejos recuerdos. Una de una ciudad en plena noche iluminada por las farolas; por los coches y por las casas que aun no han apagado sus luces. Una de tres personas donde solo se ven sus espaldas frente a una puesta de sol. Una de dos padres, y entre ellos dos un niño con apenas medio año. Una hecha desde arriba donde solo se ve a dos personas mirando el cielo estrellado y únicamente cogidos de la mano. Una de una sala de cine con una chica sola, llorando. Una de un día de lluvia, grisáceo y triste con un chico de rodillas en mitad de la carretera. Una de una familia montando el árbol de navidad. Una de una reunión de amigas; quizás comentando lo que odian de vivir en pareja. Una de dos chicas en medio de la pista de baile. Una de una pareja anciana en un banco; donde él le rodea los hombros y ella inclina su cabeza en su hombro. Una de un chico destrozado a la espera de que ese tren que ya ha marchado haga marcha atrás. Otra de una chica sonriendo con los ojos chispeantes al ver bajar de ese avión al mayor regalo de su vida. Una de cuatro amigas con un billete hacia un mismo destino. Otra de una lapida con flores. Una de un cristal de un hospital con una sala llena de bebes. Una de un abrazo y otra de una caricia. Una de dos manos agarrando un marco con una imagen de dos personas; de dos sonrisas. Otra del reloj de la puerta del sol marcando las doce de la noche. El de dos novios saliendo de la iglesia intentando que los puñados de arroz no les quiten su felicidad. Una de una mujer adulta al teléfono acompañada de lagrimas; una llamada que les marcara el resto de sus vidas. La vida. Repleta de momentos. Es nuestra decisión vivirla bien o mal y sobretodo vivirla como queremos junto a quienes queremos.

domingo, 9 de enero de 2011

Una vida diferente

Y entendí que somos nosotros quien nos tenemos que adaptar al mundo porque de la otra forma jamás lo conseguiremos. Probé de hablar con aquel indigente que se encuentra cada mañana en la esquina de la calle, al lado del café. No fui yo quien dijo la primera palabra si no él. Me paré frente a él y tras varios minutos en silencio, dirigiéndose a mí me dijo - ¿Si usted se fuera ahora sin avisar, cree que alguien le echaría en falta, alguien le esperaría en la puerta de su hogar hasta su vuelta o intentaría encontrar su rastro?- asentí con la cabeza y me contestó- Entonces no se rinda y luche- Fui a comprar dos cafés calientes, uno para él y otro para mí, me senté a su lado porque él quería hablar y yo quería escuchar.- ¿Sabe? Tengo setenta años y le voy a contar lo que quería hace cincuenta. Era un tipo listo; no piense que soy arrogante ni presumido. Estaba enamorado de la chica más guapa de la universidad, es más, ella también lo estaba. Tuve mucha suerte. Estaba estudiando medicina; era el sueño de mi padre. Tenía un buen coche y hacia lo que yo quería. Nadie me controlaba. Como metas tenía las de todo chaval. Triunfar y llegar a lo más alto. El empeño de mi padre me resultaba cada vez más agotador y duro. Tenía cuanto quería sin apenas mucho esfuerzo. Un día me hice muchas preguntas y tan solo una tuvo respuesta. ¿De verdad quería esto para mí? ¿Estaba viviendo mi vida o la de los demás? Y como prueba decidí marcharme sin que nadie supiera nada, ni tan solo mi madre, que creo que era la única que se merecía una respuesta. El error más grande que cometí fue no haberlo hecho antes porque nadie me buscó, a nadie le interesó encontrarme. Entonces comprendí que vivir sin amor no tiene sentido. Y ahora comparo lo que tenía y lo que tengo, quien era y quien soy; y sí, soy un tipo triste pero tú no encuentras a la suerte sino que la suerte te encuentra a ti. A mi desde luego que no lo ha hecho y con la edad que tengo, ya me da igual. Si algún día te encuentras inseguro sobre el curso que toma tu vida, asegúrate de que las personas que la forman te quieren, es fácil aunque lo dudes, tómame como ejemplo.

miércoles, 5 de enero de 2011

Marcha atrás

Muchas veces hemos soñado y deseado parar el tiempo y retroceder aun tan solo unos minutos para poder cambiar nuestros actos o elecciones. Eso me pareció vivirlo, de verdad que sí. Era un día asi como soleado pero algo raro, tal vez diferente porque lucía el sol de una forma mas apagada de lo normal. Entonces fue cuando las personas empezaron a caminar hacia atrás. Pude ver como las lágrimas retrocedieron y estaban de nuevo en el lagrimal; pude observar como un beso se replegaba;como seguía conservándose la colilla de un cigarrilo; como una foto seguia intacta antes de acabar quemada sobre el suelo. Pude escuchar el último respiro de alguien antes de morir o el último latido de su corazón antes de una parada cardíaca. Pude oír un último grito antes de que una vida más acabara derrotada. Pude sentir la tensión de unos segundos antes de marcar un gol en un partido de fútbol. Pude observar la impresion de dos personas que hacía tiempo que no se veían y el adiós que puede marcar tanto a un ser. Pude advertir de sentimientos que acababan de romper y otros que surgían o lo volvían ha hacer aunque siempre digan que segundas partes nunca fueron buenas; pude sentir. Pero sobretodo, advertí entre la vida y la muerte; en la inconsciencia antes de cometer un grave error. Pude ver muchos sengundos en la vida de muchas personas, ¿lo peor? aseguro que lo peor fue no poder impedir nada de todo aquello, no podía correr hacia atras en ese momento. En aquel instante, la vida volvió a seguir con su plan.

lunes, 3 de enero de 2011

Love

La mayoría sobre lo que escribo se basa en el amor. En su búsqueda  o en lo que ocurre después de encontrarlo. Cuantas formas posibles hay de amar  o que tipos hay. Yo nunca me he enamorado, es más, le tengo miedo a ese sentimiento pero he de reconocer que estoy realmente enamorada del amor. Considero que es lo único que a estas alturas es capaz de hacernos volcar sobre alguien voluntariamente, sin que nadie nos obligue o nos someta a ello, porque es el único deseo que tenemos. Se dice que en los silencios, a menudo se hallan las grandes palabras al igual que en a través de una mirada se pueden descubrir montones de sensaciones o incluso encontrarle la explicación a algo que intentamos ocultar. El amor habla por sí solo, es algo que se ve de lejos, es algo evidente. El amor hace que te sientas libre, te da esa sensación de estar surcando entre las nubes que de niña te parecían pequeños trozos de algodón, y que en ocasiones lo sigues pensando.  No tengo definición exacta para el amor, de hecho no creo que la haya; cada uno tiene un término para él, pero nunca estará del todo completa porque cada día aprendemos algo sobre el amor, yo diría que es un descubrimiento que no cesa.

Noches de tormenta

Recuerdo las noches de tormenta de hace muchos años; cuando era pequeña. El miedo se apoderaba de mí, me absorbía y yo no tardaba en ir corrido hacia la cama de mis padres y meterme bajo las sábanas agarrando a mi madre fuertemente; el miedo se iba y el sonido de los truenos apenas se oía. En cambio ahora; las noches de tormenta son diferentes. Somos conscientes de que cada una de ellas trae consigo la esperanza de que por la mañana todo vuelva a estar bien; de que el sol vuelva a brillar entre las nubes. Deseamos que las manchas más inquietantes desaparezcan así como las dudas de tu insolencia o las consecuencias de tus errores; las respuestas ante tus actos; las cicatrices de esas heridas inquebrantables que dejaron marca a causa de la traición o el recuerdo que lleva contigo la nostalgia de todo un pasado. Aguardamos que pase la tormenta esperando lo mejor, aunque en el fondo de nosotros mismos sabemos que algunas manchas son tan indelebles que nada ni nadie podrá hacer desaparecer.

domingo, 2 de enero de 2011

Tantos sentimientos como gotas

Camino rápido por las calles mojadas a causa de la lluvia de mi acogedora ciudad, de mi pequeña isla. Llueve, llueve sin parar, no llevo paraguas, me estoy mojando entera, literalmente, busco rápidamente las llaves del coche, aquí están, lo abro. Entro en seguida y dejo las cosas en el asiento del copiloto. Me siento frente al volante, pongo el coche en marcha y arranco, semáforo tras semáforo, multitud de gotas derramadas en los cristales, pongo el para brisas, semáforo en rojo, me paro y todo empieza. Veo a gente pasar con el paraguas a toda prisa, veo a personas caminar, riéndose; chicas jóvenes divirtiéndose bajo la lluvia sin ningún tipo de protección, son libres, felices. Después veo a personas experimentando un largo beso bajo la lluvia, ellos no tienen problemas, de ningún tipo, no se paran a pensar en que pasará, ellos viven; tal vez porque ese es el truco, vivir. Entonces me vienen recuerdos, muchos recuerdos; relatos contados, experiencias vividas, el pasado, el presente, el futuro; recordando cómo era, quien me ha cambiado. Reflexionando como soy e imaginando en quien me convertiré. Quizás en su momento no lo veamos; cuando lo estamos viviendo no nos damos cuenta, cuando pasamos los momentos más felices, solo tenemos tiempo para sonreír, y no parar de hacerlo, a toda costa, con sol, o con lluvia. Cuando todo nos parece haber acabado, nos arrepentimos pensando en cosas que podríamos haber hecho y rectificado en todo aquello. Allí es cuando me pregunté, que pasaría conmigo, si en algún instante podría lograr levantarme de esa caída letal, si podría llegar a afrontar determinadas cuestiones, miedos y momentos; si podría olvidar algún día; de qué manera las cosas pueden cambiar. Pensé en que las decisiones importantes cambiarían totalmente el rumbo de mi vida, si podría solucionar esos pequeños problemas aún no resueltos. Intento sonreír, y lo consigo, pero esa sonrisa va acompañada de algunas lágrimas. Y entonces pienso en mi frase favorita “¡qué demonios!, la vida sigue”. Me doy cuenta, los coches empiezan a pasar delante de mí con mala cara, estresados por el día agotador que han pasado por la lluvia. De pronto consigo reírme de mí, cambio de marcha y arranco con la radio a todo volumen, intentando escapar de todo aquello por un rato.