Camino rápido por las calles mojadas a causa de la lluvia de mi acogedora ciudad, de mi pequeña isla. Llueve, llueve sin parar, no llevo paraguas, me estoy mojando entera, literalmente, busco rápidamente las llaves del coche, aquí están, lo abro. Entro en seguida y dejo las cosas en el asiento del copiloto. Me siento frente al volante, pongo el coche en marcha y arranco, semáforo tras semáforo, multitud de gotas derramadas en los cristales, pongo el para brisas, semáforo en rojo, me paro y todo empieza. Veo a gente pasar con el paraguas a toda prisa, veo a personas caminar, riéndose; chicas jóvenes divirtiéndose bajo la lluvia sin ningún tipo de protección, son libres, felices. Después veo a personas experimentando un largo beso bajo la lluvia, ellos no tienen problemas, de ningún tipo, no se paran a pensar en que pasará, ellos viven; tal vez porque ese es el truco, vivir. Entonces me vienen recuerdos, muchos recuerdos; relatos contados, experiencias vividas, el pasado, el presente, el futuro; recordando cómo era, quien me ha cambiado. Reflexionando como soy e imaginando en quien me convertiré. Quizás en su momento no lo veamos; cuando lo estamos viviendo no nos damos cuenta, cuando pasamos los momentos más felices, solo tenemos tiempo para sonreír, y no parar de hacerlo, a toda costa, con sol, o con lluvia. Cuando todo nos parece haber acabado, nos arrepentimos pensando en cosas que podríamos haber hecho y rectificado en todo aquello. Allí es cuando me pregunté, que pasaría conmigo, si en algún instante podría lograr levantarme de esa caída letal, si podría llegar a afrontar determinadas cuestiones, miedos y momentos; si podría olvidar algún día; de qué manera las cosas pueden cambiar. Pensé en que las decisiones importantes cambiarían totalmente el rumbo de mi vida, si podría solucionar esos pequeños problemas aún no resueltos. Intento sonreír, y lo consigo, pero esa sonrisa va acompañada de algunas lágrimas. Y entonces pienso en mi frase favorita “¡qué demonios!, la vida sigue”. Me doy cuenta, los coches empiezan a pasar delante de mí con mala cara, estresados por el día agotador que han pasado por la lluvia. De pronto consigo reírme de mí, cambio de marcha y arranco con la radio a todo volumen, intentando escapar de todo aquello por un rato.

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