martes, 5 de julio de 2011

Era mucho más diminuta de lo que ella había creído. Soltó de golpe todas sus maletas y miró al resto del mundo como si no lo conociera en absoluto. Amar. Loca y arriesgada aventura la de amar. Suspiró y tuvo la sensación de que él estaba allí; rodeándola como solía hacer cuando ella preparaba el desayuno con su camisa más sexy. Cerraba sus ojos y se dejaba llevar. Abrió los ojos y se giró hacia atrás entonces milagrosamente le vio. Él se puso a su lado, cogió su mano y le dijo- ¿Me sigues?- a lo que le contestó- ¿Donde?-,- No lo se, ven conmigo para descubrirlo juntos-. La soltó de su mano y se lanzó al agua cayendo de golpe. Ella se quedó quieta, inmersa en la ilusión de haberlo visto y no poder seguirlo. Deseaba por encima de todo compartir una vida junto a él pero no de esa forma; una forma que no había planeado y que ni siquiera le gustaba. Tuvo la fuerza de escoger lo mejor para ella aunque no fuera esa su idea. Tenía la esperanza de él que la escogiera a ella y no la dejara marchar, de que eligiera a la persona que amaba y luchara por ella, pero no lo hizo. Echó la vista hacia abajo y no encontró a nadie. De pronto una llamada acaparó su atención, y tras mucho tiempo alguien consiguió que una deslumbrante sonrisa abarcara su rostro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario