lunes, 4 de julio de 2011

Te vi a lo lejos y recorrí cada uno de tus recuerdos como fotogramas de una película. Te vi y me invadió una sensación de vacío y añoranza. Hice un esfuerzo inmenso en llegar a ti pero todo fue en vano; tu ibas avanzando rápidamente mientras que yo, en cambio, caminaba más despacio hasta quedar inmóvil y caer de golpe en la tierra. De pronto te volviste hacia mi y me miraste una última vez; mirada la cual me recorrió de principio a fin y me hizo estremecer como tus caricias entre las sabanas a medianoche; como tus dulces besos desgarradores; como tus abrazos con una dosis de tranquilizante; como la sonrisa que me dedicabas en la que el mundo parecía llegar a su fin y tú y yo destruirnos en él. De pronto cerré los ojos y sentí como una ráfaga me invadió y el presentimiento de volver a abrirlos y tu no estar allí, se hizo realidad. Parte de mi corazón deseaba permanecer en aquel lugar por si se te ocurría volver algún día; y la otra parte de él se iba recuperando poco a poco hasta aceptar que si para ser feliz se tenía que olvidar, se olvidaba y punto.

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