A veces nos acostumbramos a medir
la vida en las personas que nos van
dejando a diario. Los hay que se esconden en ese brillo que desprenden las
estrellas para recordarte que nunca se han ido y que te siguen desde muy cerca.
Los hay que te abrieron una brecha en una rinconcito de tu alma, y que por
mucho que crezcas, el dolor permanecerá siempre. Los hay que desaparecen sin
dar ningún tipo de explicación; de la noche a la mañana; sembrando de preguntas
y dudas tu mente. Los hay que te abandonan por una mutua decisión, porque hay
vidas que no pueden ser compartidas. Los hay que se alejan poco a poco y sin
darte cuenta ya solo dejan su recuerdo. Están los que nunca llegaste a conocer
y sin saber porque los sientes desde que tienes uso de razón. Los hay que te
dejan sin aliento; que te agotan las lágrimas. Pero también los hay con quien
solo te dejan sacar la mejor de tus sonrisas. Los hay que saben tranquilizarte
de la mejor forma posible. Los hay que te llevan a la cima del mundo y logran
impedirte mirar atrás. Los hay con los que solo existen los comienzos. Los hay
que besan tus defectos. Los hay que nunca te dejan tirar la toalla. Los hay con
los que jamás dejarías de bailar bajo la lluvia. Los hay con los que no
pararías de saltar sobre la cama cayendo de golpe en ella. Los hay con los que
pase en el tiempo que pase, la conexión nunca cambia. Los hay que te hacen
grandes. Los hay, aunque nos parezca imposible, que van a estar para siempre.
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