jueves, 8 de agosto de 2013

Momentos pausados

Caen gotas del cielo. Caen suaves; pero la intensidad aumenta poco a poco hasta que esa gota que caía sin llamar la atención convierte la ciudad en un abanico de paraguas de mil de colores. Coches parados frente a semáforos rojos. Personas leyendo el periódico que han comprado al chico que los vende en la calle principal. Personas con el teléfono en las manos. Personas distrayendo a los niños para que la espera se les haga más llevadera. Y hay otras, que con el recodo apoyado en la ventada y con el otro brazo extendido en el volante, solo se dedican a mirar como caen esas gotas del cielo; esas que caen suave y que se vuelven intensas. Con una neutra sonrisa y unos tristes ojos de amor. Calibrando que las batallas perdidas ganan a las batallas con sabor a victoria. Pensando como cambiar sus vidas. Soñando con esa persona que cambia nuestro camino. Deseando saber cuál es su destino. Agotados de esa rutina que les impide saber cuál es el principio de un final y cuál es el final de un principio. Observando cómo pasa el tiempo y lo rápido que suceden las cosas; que poco las aprovechamos y exprimimos en ocasiones. Recordando la tristeza de las despedidas  y la pasión de los reencuentros que a veces matan los kilómetros. De pronto, el coche de detrás deja sonar la bocina e invita a los demás  a hacer lo mismo. Y tú, perdido durante unos minutos en otro mundo, metes primera y despiertas para bajar a la realidad el resto del día y para concederle a esta el beneficio de da duda. Confía. Te sorprenderá. 

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