miércoles, 12 de octubre de 2011

Los sueños

Totalmente abrumada caí en la cama como alguien que ha estado semanas sin apenas cerrar los ojos. Me adentré en un sueño mágico y algo confuso. Era un mundo irreal en el que se caracterizaba por las continuas sonrisas. Era en aquel lugar en el que no existía ninguna mirada de la que pudieras extraer lágrima alguna. Era allí donde aguardaban las mejores sensaciones, los mejores sentimientos. Era allí donde los errores eran algo de lo que podías aprender. La añoranza no cabía y el rencor no se hallaba. En aquel lugar la decepción era algo desconocido. La maldad no se encontraba. Tampoco tenían la obligación de decidir, de elegir entre lo correcto y lo incorrecto. Volaban cometas que reflejaban la libertad de una persona. Era posible respirar el aire puro de ese mundo que te transmitía una máxima serenidad. La soledad y el miedo no se podían encontrar ni aún en el lugar más remoto. El tiempo transcurría tan rápido como una estrella fugaz y por ello, los recuerdos eran momentáneos; y la felicidad, eternamente efímera, coexistía en cada una de los seres que habitaban allí. En ocasiones tenemos la necesidad de soñar para escapar de nuestra realidad, aun tan solo sea por unos minutos.

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