sábado, 3 de noviembre de 2012

TalT

¿Hay alguien ahí? Silencio. ¿Dónde estás? Silencio. Hay una puerta abierta que deja revolotear la blanca cortina por la ligera brisa que corre de noche en las calles de esta ciudad. Sale a la terraza, mira a su alrededor con la mínima esperanza de que él se encuentre allí, con dos copas en la mano y que una sea para ella. Se apoya en la barandilla dejando caer las estrellas pero si echa una mirada
 hacia abajo: los coches siguen en la carretera, los semáforos siguen funcionando, los aviones siguen una dirección y los barcos siguen surcando; todo sigue. Trata de imaginarse como su amor le cerraba los ojos con la yema de sus dedos; como su amor le callaba con besos secretos; como su amor conseguía que el sonido que produce la vida, en un instante, quedara solo de fondo. Trataba de volver a sentir su calor; intentaba con todas sus fuerzas recuperar a ese ángel que todos tenemos y al que solo ella llamaba amor. Dicen que si cierras los ojos y deseas de corazón ver a esa persona pidiéndolo nueve veces, ese anhelo se acaba cumpliendo. Ella pensó en hacerlo, y de hecho lo hizo pero nada sucedió, solo salvó un recuerdo: Lo más doloroso es aferrarse a alguien y saber que tienes que dejarlo ir.

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