Tú, mi definición exacta del amor, me enseñaste más de lo que creía que podría aprender en toda una vida. Me enseñaste uno de los sentimientos más locos de la existencia. Me mostraste la indiferencia de permanecer bajo la lluvia durante eternos minutos. Me revelaste que los colores del amanecer pueden llegar a parecer realmente profundos. Me hiciste saber que todas las almas libres dan con aquello que las convierte en almas presas. Me hiciste descubrir la luz que se esconde en la oscuridad. Me enseñaste que los lunes no tienen por qué ser tan jodidos como lo son normalmente. Me advertiste que entrar en el juego no acaba nada mal. Me enseñaste a levantarme cuando no estaba preparada. Me enseñaste a vivir el presente y a cuidar aquello que estábamos viviendo. Me hiciste ver la gran diferencia que existe entre la vida y la muerte. También aprendí a apreciar la suerte; a sonreír en lugar de llorar. Aprendí la mejor técnica de juego: las cosquillas; o que el mayor secreto se esconde en la mirada. Me enseñaste que las tormentas no eran tormentas cuando se trataba de pasarlas bajo las sábanas contigo. Me enseñaste a sufrir. Me enseñaste muchas cosas ¿sabes? Pero se te olvidó algo, algo importante. Se te olvidó ser hombre y tener el suficiente valor de permanecer y hacerle frente a aquellos sentimientos que empezaron a despertarse en ti. Huiste de ello, y ese es el mayor error que alguien puede llegar a cometer.
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