martes, 8 de febrero de 2011

¿Y si...?

Tan confuso, tan absorvente y tan entretenido como el remolino que se forma con las hojas caídas de un otoño reciente, acompañado del frio viento de un aproximado invierno. Y en la espera de un semáforo caemos en esta pregunta que continuamente solemos hacernos ¿y si…, y si…?.  ¿Y si qué? ¿Miedo? ¿Cobardía? Si, probablemente ambas cosas. Pero ¿Por qué? Quizás por temor a perder; a caer, a volver a caer; a fracasar, fallar de nuevo; a tal vez marcar una herida nueva o tal vez a volver a abrir un corte que ya se había cerrado hace tiempo. Y en estos casos, ¿Dónde se encuentra la esperanza por algo fallido, la ilusión por la recuperación, la locura por eso que todos conocemos, la recuperación por las caídas, las segundas oportunidades que nos brinda el amor? Seguir, y afrontar los obstáculos que nos ofrece la vida; confiar y hablar de todo aquello que nos preocupa asumiendo las consecuencias de nuestros actos. Eso y solo eso, nos hace crecer como personas; pero sobretodo madurar, nos hace madurar, de lo que en tantas ocasiones presumimos y de aquello que carecemos en otras muchas más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario